La fuerza del mar es impresionante, y el observar cómo rompen las olas en una roca puede convertirse en un ejercicio de abstracción mental casi hipnótico. Formas, colores y brillos se suceden ininterrumpidamente en una secuencia sin principio ni fin, una sucesión caprichosa de los mismos elementos, agua, aire y luz, siempre en distinta combinación.
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